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Parece que es mejor ser vaca en Nueva Delhi que mujer en Ciudad Juárez.

Esta conversación del área «Política, Religión, Sociedad» tiene 1 mensaje en 1 página:
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[1] Mensaje por tumbao del 13-Ene-2007 08:44:57
Foto de tumbao “some say we should take personal remorse from the
poem
stay abstract, and there is some reason in this,
but jezus” […]
(C. Bukowski)

¿Cómo mantener la objetividad en medio del fango? ¿Cómo aspirar a la abstracción cuando la realidad, descarada, inflexible, implacable, se empecina en hacernos entes enteramente concretos?
La diplomacia es el arte de decir chingaderas educadamente y de la mejor manera. Hoy, sobra decirlo, me vale madres la diplomacia. Hoy las chingaderas saltan al primer plano y su relato, forzosamente, tiene un cariz personal y rabioso, íntimo como un insulto y visceral como un perro atropellado. Hoy ya estuvo bueno, las moscas furiosas que pululan mi cabeza –esas ideas- se me salen por la boca, infestan el cuarto, plagan todo pensamiento y le dejan un tufo a mierda.
Hoy México, ese país, me parece un sespol gigante, una gran fosa séptica; ¿cómo convive ese país consigo mismo? ¿por qué se mutila? Recuerdo haber leído en el periódico que alguna dependencia gubernamental considera que la violencia de genero se ha propagado por todo el territorio, que en su causa se hallan la pobreza y la marginación; el artículo concluye ahí pero viene de la nota roja, encontraron otra jovencita violada y muerta en Chimalhuacán, agarra fuerza la teoría del serial killer mexicano. Los últimos años han sido así, las notas vienen de Chihuahua, de Morelos, del Estado de México, de Guanajuato, de Guerrero.
Ciudad Juárez, Ciudad Neza, chabolas en Cuernavaca, caseríos perdidos en la selva guerrerense, rancherías en el bajío; lo verdaderamente terrorífico ya no es la contabilidad constante, es la sospecha del tamaño de los números netos, de todos esos casos desapercibidos y olvidados, la verdadera cifra acaso sea inaudita. Y lo peor, si eso es todavía posible: esa enumeración del diablo solo da cuenta de los hechos más grotescos, de las atrocidades que se tornan públicas; en millares de familias mexicanas (¿verdaderamente cuantas? ¿verdaderamente en dónde?) esa guerra es de baja intensidad pero constante, increíblemente sorda, abrumadoramente patente, casi irremediable.
Dice la canción “yo le pego a mi mujer, soy muy macho” y depués se echa a correr de boca en boca porque todo esto también es un chiste, también es una fábula chusca y otro rasgo de folklore. Es un secreto a voces que en México, ese país, conviven algunos de los peores rasgos de occidente, de oriente y del pasado prehispánico. Un país, ese país, aterido por un designio cristiano retrógrado en muchos casos, que implica que la mujer no puede decidir sobre su cuerpo, no puede decidir sobre su prole, no puede decidir sobre las condiciones de su decendencia; las buenas conciencias consideran que vale más el producto de una violación a las pocas semanas que todo el futuro de una muchacha que sobrevive a dicho trauma.
Un país, ese país, donde existe de facto un sistema de castas tan complejo e inmutable como en la India; en su cima los pudientes, ilustrados, con linaje extranjero de preferencia (recordemos que este todavía es un país conquistado, bipolar, enfrentado consigo mismo), de rasgos caucásicos y sonrisa Hellmans. Más abajo los mestizos urbanos, la clase media y sus traumas de raza y extracción social. Un poco más abajo los mismos mestizos pero en provincia y debajo de ambas clases medias los pobres en su dilatada gradación desde la pobreza digna hasta la miseria abyecta. Y todavía más abajo, porque hay cosas peores que se pobre, naco, prieto e ignorante en México, los indígenas, a los que se les dice despectivamente indios acaso en un destello increíblemente irónico y de los cuales se asume que sean pobres, nacos, prietos e ignorantes, por supuesto. Pero en el fondo, en el verdadero fondo no está el indio sino la mujer del indio, que es esclava del esclavo y replíca con esa condición la posición secundaria de ese genero en cada uno de los escalafones, en cada una de las castas.
Un país, ese país, donde las mujeres se están suicidando, lentamente si se quiere, gota a gota, caso a caso, familia a familia si se quiere, pero de todas formas suicidándose. ¿Y cómo lo hacen? Pués perpetuando todo ese armatoste de mierda que prefigura otra generación más de machos, huevones, hijos de mami, golpeadores, chingones pa pronto. ¿Por qué la madre prefiere al hijo que a la hija? ¿Por qué está bien que él se las coja a todas pero si ella tiene sexo es una puta? ¿Por qué tiene que aspirar a casarse y llenar las cunas? ¿Por qué tiene que ser abnegada, soportar vara, aguantar al marido; y él, por qué puede madrearse a su vieja, o dejarla, o tener familias simultáneas? ¿Por qué –esto es un anécdota doméstica típica- empieza el partido y se asume sin duda que la mujer va a ir a la cocina por las chelas y a preparar la comida?
Y ahora bien, puede que sea un genocidio, porque si no cómo explicar un mass media que sigue bombardeando a la población con fábulas estúpidas y decálogos del dominio. Ver cualquier capítulo de cualquier telenovela nos dá la pauta: la mujer mexicana debe ser (ver párrafo anterior) y espera ser salvada de su condición sub-humana por el puto príncipe azul (que lo siento, lo más probable es que sí sea gay en la vida real). Para qué mencionar todas las demás moralejas: el pobre debe ser aguantador, honrado, creyente y núnca sublevarse, su premio está en el otro mundo, no en está vida; el ignorante debe ser cómico y ocurrente, totalmente mexican tipicous al ser incapaz de ser totalmente palacio; la riqueza y la dignidad son malas porque los ricos también lloran, es mejor ser miserable y feliz (Pepe el Toro es inocente); los criminales y los pobres (todos aquellos que en su hueva tienen la culpa de ser pobres) siempre son muy morenos, muy latinos, muy mejicanos; la gente bien es güera y alta y demográficamente minoritaria; el cura y la abuelita siempre tienen la razón; étc.
Claro, todos tenemos la culpa, el judicial que dice que la mujer se lo buscó por llevar minifalda, la señora esposa del rotario que dice que la gente decente no sale tan tarde, el político que se hace de la vista gorda con la trata de blancas, el padre de familia que viola a su hija o a su sobrina, la madre que no le creé a la hija o a la sobrina, el profesor que propicia la estupidez entre las niñas, el hermano que piensa que puede ordenarle a la hermana, el novio que piensa que puede disponer de la novia, el jefe que le dá el ascenso o el aumento al empleado y no a la empleada, la jefa que hace lo mismo porque está totalmente mediatizada, la niña que se creyó lo que se creén todas las niñas, las mujeres que se devalúan en el discurso por querer ser bonitas, o sexys, o agradables, o flacas, o queridas, o deseadas, o pedidas en matrimonio o simplemente acompañadas.
Los países más desarrollados del mundo comparten una estadística (piense en escandinavia); la mujer en ellos está integrada en 50% o más al trabajo remunerado y fiscalizado. Las obligaciones y los derechos son igualitarios o equivalentes. ¿Qué pasa en México con la famosa doble jornada (llegar del trabajo solo para hacer trabajo doméstico)? ¿Qué pasa con las “amas de casa”, cómo cuentan en la economía, es eso esclavitud o sub-empleo? ¿Por qué la sirvienta debe de dormir en casa y pararse a las once de la noche a servir un cafecito? ¿Por qué no tiene seguro social? ¿Por qué si el padrón electoral está dividido a la mitad entre géneros las mujeres en política son el 20 por ciento?
Quizás lo que pasa es que ya no hay hombres ni mujeres en este país, ese país; quizás todos se volaron la barda y viven pizcando algodón o limpiando retretes en California. Quizás nunca los hubo, y lo que había era la ilusión de una sociedad o de unos ciudadanos. Quizás solo quedan chacales y depredadores entre un número cada vez menor de borreguitos; quizás esto es la normalidad. Hay quién dice que un pueblo es vencido cuando empieza a vender o a perder a sus mujeres (piense en Polonia bajo los nazis, en los campos de exterminio, en el rapto de las Sabinas, piense en la Cuba actual y la de Batista o en la conquista de México); actualmente y en este país hemos encontrado una tercera vía, las estamos matando. De nuevo, quizás es nuestra herencia (España es el primer país de Europa en cuanto a la prevalencia de la violencia de genero), quizás la cosa se resuelve con un pendejo botudo y bigotudo diciendo “los y las mexicanas y mexicanos...” en cada discurso o con su esposa organizando rifas; quizás yo entendí mal, quizás no es para tanto.
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