Rulfo Y Garcia marquez: COMALA Y MACONDO
Esta conversación del área «Literatura y Artes»
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macgoss_domenico
del 01-Mar-2008 08:32:43
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Los creadores del realismo magico en america latina. Asombro por Juan Rulfo* Gabriel García Márquez: El descubrimiento de Juan Rulfo -como el de Franz Kafka- será sin duda un capítulo esencial de mis memorias. Yo había llegado a México el mismo día en que Ernest Hemingway se dio el tiro de la muerte, el 2 de julio de 1961, y no sólo no había leído los libros de Juan Rulfo, sino que ni siquiera había oído hablar de él. Yo vivía en un apartamento sin ascensor de la calle Renán, en la colonia Anzures. Teníamos un colchón doble en el suelo del dormitorio grande, una cuna en el otro cuarto y una mesa de comer y escribir en el salón, con dos sillas únicas que servían para todo. Habíamos decidido quedarnos en esta ciudad que todavía conservaba un tamaño humano, con un aire diáfano y flores de colores delirantes en las avenidas, pero las autoridades de inmigración no parecían compartir nuestra dicha. La mitad de la vida se nos iba haciendo colas inmóviles, a veces bajo la lluvia, en los patios de penitencia de la Secretaría de Gobernación. Yo tenía 32 años, había hecho en Colombia una carrera periodística efímera; acababa de pasar tres años muy útiles y duros en París y ocho meses en Nueva York, y quería hacer guiones de cine en México. El mundo de los escritores mexicanos de aquella época era similar al de Colombia y me encontraba muy bien entre ellos. Seis años antes había publicado mi primera novela, La hojarasca, y tenía tres libros inéditos: El coronel no tiene quien le escriba, que apareció por esa época en Colombia; La mala hora, que fue publicada por la editorial Era, poco tiempo después a instancias de Vicente Rojo, y la colección de cuentos de Los funerales de la mamá grande. De modo que era yo un escritor con cinco libros clandestinos, pero mi problema no era ése, pues ni entonces ni nunca había escrito para ser famoso, sino para que mis amigos me quisieran más y eso creía haberlo conseguido. Mi problema grande de novelista era que después de aquellos libros me sentía metido en un callejón sin salida y estaba buscando por todos lados una brecha para escapar. Conocí bien a los autores buenos y malos que hubieran podido enseñarme el camino y, sin embargo, me sentía girando en círculos concéntricos, no me consideraba agotado; al contrario, sentía que aún me quedaban muchos libros pendientes pero no concebía un modo convincente y poético de escribirlos. En ésas estaba, cuando Álvaro Mutis subió a grandes zancadas los siete pisos de mi casa con un paquete de libros, separó del montón el más pequeño y corto, y me dijo muerto de risa: ''Lea esa vaina, carajo, para que aprenda''; era Pedro Páramo. Aquella noche no pude dormir mientras no terminé la segunda lectura; nunca, desde la noche tremenda en que leí "La metamorfosis" de Kafka, en una lúgubre pensión de estudiantes de Bogotá, casi 10 años atrás, había sufrido una conmoción semejante. Al día siguiente leí El llano en llamas y el asombro permaneció intacto; mucho después, en la antesala de un consultorio, encontré una revista médica con otra obra maestra desbalagada: La herencia de Matilde Arcángel; el resto de aquel año no pude leer a ningún otro autor, porque todos me parecían menores. No había acabado de escapar al deslumbramiento, cuando alguien le dijo a Carlos Velo que yo era capaz de recitar de memoria párrafos completos de Pedro Páramo. La verdad iba más lejos, podía recitar el libro completo al derecho y al revés sin una falla apreciable, y podía decir en qué página de mi edición se encontraba cada episodio, y no había un solo rasgo del carácter de un personaje que no conociera a fondo. Más tarde, Carlos Velo y Carlos Fuentes me invitaron a hacer con ellos una revisión crítica de la primera adaptación del Pedro Páramo para el cine. Había dos problemas esenciales: el primero, era el de los nombres. Por subjetivo que se crea, todo un nombre se parece en algún modo a quien lo lleva y eso es mucho más notable en la ficción que en la vida real. Juan Rulfo ha dicho, o se lo han hecho decir, que compone los nombres de sus personajes leyendo lápidas de tumbas en los cementerios de Jalisco; lo único que se puede decir a ciencia cierta es que no hay nombres propios más propios que los de la gente de sus libros; aún me parecía imposible y me sigue pareciendo, encontrar jamás un actor que se identificara sin ninguna duda con el nombre de su personaje. Lo malo de esos preciosos escrutinios es que las cerrazones de la poesía no son siempre las mismas de la razón. Los meses en que ocurren ciertos hechos son esenciales para el análisis de la obra de Juan Rulfo, y yo dudo de que él fuera consciente de eso. En el trabajo poético -y Pedro Páramo lo es, en su más alto grado- los autores suelen invocar los meses por compromisos distintos del rigor cronológico; más aún, en muchos casos se cambia el nombre del mes, del día y hasta del año, sólo por eludir una rima incómoda, oír una cacofonía, sin pensar que esos cambios pueden inducir a un crítico a una confusión terminante. Esto ocurre no sólo con los días y los meses, sino también con las flores; hay escritores que no se sirven de ellas por el prestigio puro de sus nombres, sin fijarse muy bien si se corresponden al lugar o a la estación, de modo que no es raro encontrar buenos libros donde florecen geranios en las playas y tulipanes en la nieve. En el Pedro Páramo donde es imposible establecer de un modo definitivo dónde está la línea de demarcación entre los muertos y los vivos, las precisiones son todavía más quiméricas, nadie puede saber en realidad cuánto duran los años de la muerte. He querido decir todo esto para terminar diciendo que el escrutinio a fondo de la obra de Juan Rulfo me dio por fin el camino que buscaba para continuar mis libros, y que por eso me era imposible escribir sobre él, sin que todo esto pareciera sobre mí mismo; ahora quiero decir, también, que he vuelto a releerlo completo para escribir estas breves nostalgias y que he vuelto a ser la víctima inocente del mismo asombro de la primera vez; no son más de 300 páginas, pero son casi tantas y creo que tan perdurables como las que conocemos de Sófocles. FIN |
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macgoss_domenico
del 01-Mar-2008 08:33:40
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Juan Rulfo realizó una gira por América del Sur en diciembre de 1966, y a su paso por Bogotá fue abordado por el reportero Enrique Santos, de , diario que publicó la entrevista el día 16 del mes y año mencionados, con el título de "Latinoamérica desplazó a España en la novelística". El reportero explica el motivo de la visita de Rulfo y después de presentarlo entra en el tema. Reproducimos la entrevista completa, salvo la citada introducción: Se han tejido sobre Rulfo muchas leyendas. Unos dicen que es un solitario, otros que detesta los reportajes, y alguien contó alguna vez que como escritor estaba terminado. En verdad, poco hay de lo primero y nada de lo segundo. A nosotros nos pareció Juan Rulfo persona de inefable sencillez. Más que un reportaje fue una charla lo que con él tuvimos. Contestó a nuestras preguntas sin asomo de repugnancia por la entrevista. Es hombre de mediana estatura, cabellos entre grises y castaños, mirada dormida; fuma constantemente: Le preguntamos si después de Pedro Páramo no ha vuelto a publicar cosa alguna. -A publicar no, a escribir sí -responde-. Tengo un cuento que se llama El Gallo de Oro y que fue llevado al cine. Precisamente su paisano García Márquez (de quien hace grandes elogios) realizó la adaptación y próximamente la editorial Siglo XXI me va a publicar una novela: La Cordillera, de temática muy diferente a Pedro Páramo. Rulfo considera que el escritor tiene la misión conjunta de plantear problemas sociales y de hacer obra de arte. "Los problemas sociales -afirma- se pueden plantear de una manera artística. Es difícil evadir de una obra el problema social, porque surgen estados conflictivos, que obligan al escritor a desarrollarlo". Sobre el problema principal que afronta el escritor latinoamericano. Rulfo es categórico: no hay comunicación, no circulan las obras, no hay distribución y, esencialmente, no hay editores. -En países como Uruguay apenas se está organizando una editorial. Los escritores no tienen a quien acudir para la publicación de sus libros. Ese es, más o menos el problema general en Latinoamérica. -Dicen que usted es un solitario, poco amigo del trato con las gentes… -Bueno, lo que pasa es que yo trabajo y no tengo tiempo para hacer vida social. Voy de mi casa al trabajo y del trabajo a mi casa. No es que sea propiamente un solitario. -¿Usted se dedica exclusivamente a escribir? -No. Como le dije, trabajo, hago otras cosas. En el Instituto Nacional Indigenista colaboro en los libros de Antropología social. Allí los corregimos, redactamos los textos, etc. Es una labor que demanda tiempo y cuidado. -Y como era inevitable, la conversación recae sobre Pedro Páramo, la gran novela de Rulfo, uno de los mayores éxitos literarios de nuestro tiempo. -Pedro Páramo no tiene origen -dice Rulfo-. Es una de esas cosas que se le ocurren a uno. Producto de la imaginación. Allí utilizo la técnica del contrapunto, porque están rotos el tiempo y el espacio. Es decir, los personajes son todos muertos y los muertos no ocupan lugar en el espacio, ni en el tiempo. Quizás ni en la misma conciencia. Podría haber sido una novela explícita, pero el tema no se prestaba para ello y hubo muchas razones que obligaron al autor a no interferir en varios aspectos de la obra. Las cosas absurdas no son para discutir si están o no dentro de la lógica. En fin, eso lo descubrieron los críticos. Yo eliminé las explicaciones, las moralejas, de que tanto se abusa en nuestra literatura. -¿Usted considera que su novela, a pesar de ser tan mexicana, es también universal? -La gente se muere dondequiera. Los problemas humanos son iguales en todas partes. No son temas nuevos el amor, la muerte, la injusticia, el sufrimiento, que están sugeridos en Pedro Páramo. Me han dicho que es "una novela de amor a los desamparados". Yo no sé. Yo narro la búsqueda de un padre, como una esperanza. Como quien busca su infancia y trata de recuperar sus mejores días, y en esa búsqueda no encuentra sino decepción y desengaño. Y al final se derrumba su esperanza "como un montón de piedras". Rulfo posee excelentes conocimientos sobre los movimientos literarios tanto de América Latina como del resto del mundo. Según él, hay muy buenos novelistas latinoamericanos: Miguel Ángel Asturias, Arturo Uslar Pietri, Guimaraes Rosa, Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar, Mario Benedetti, Augusto Roa Bastos, Gabriel García Márquez. "La literatura latinoamericana -asevera- desplazó a la española y está ocupando su lugar". Rulfo no cree que en Europa se atraviese por una crisis literaria. "Surgen novelistas, muy buenos novelistas, como hongos. Aquí conocemos muy pocos, porque carecemos de fuentes de información. Lo que sí hay en Europa es una crisis de la poesía. Con relación a Europa, el único país que está a la zaga de la novela es España. En cambio tiene excelentes poetas". "Donde sí atraviesan -agrega- por una crisis literaria total es en Estados Unidos. Esa pléyade de escritores que floreció después de la guerra se terminó ya. Ahora tienen dos o tres figuras; antes tenían 15 o 20 gigantes de la novela. Los de hoy son enanitos, sin fuerza, sin calidad literaria. A cualquier Saul Bellow yo le enfrentaría "El Señor Presidente", de Miguel Ángel Asturias, que se la gana con exceso. En los Estados Unidos hay ahora una especie de literatura nacionalista, sin definir. Ellos han formado alrededor de Arthur Miller un círculo compacto, que no les da beligerancia a quienes no pertenecen a él. Los aplasta". Opina que la novela es una fábula y que no se puede clasificar la técnica novelística porque cada quien tiene la suya propia. Sobre el desarrollo del movimiento literario en México, dice: "Allá se están tomando estas cosas más en serio y más en broma, también. Ya existen los medios de publicidad que se encargan de hacer el escándalo -positivo o negativo- en torno a la obra que aparece. Y ya la gente, no sólo los intelectuales, sino todos, están hablando de los libros. Los comentan y discuten. No es muy grande el movimiento, pero se ha creado la inquietud". A este respecto Rulfo cree que hay más movimiento en Colombia, Venezuela, Argentina y Chile. "En el Cono Sur de Latinoamérica se lee mucho más que en el Norte". La Cordillera, nueva novela de Juan Rulfo, aparecerá a mediados de julio de 1967. Le preguntamos si, aparte de la prosa no cultiva también la poesía. "No, no", responde con sonrisa socarrona. Y en el mismo tono añade: "Los poetas dicen que la poesía no puede entrar dentro de la prosa. Sin embargo, ellos se permiten hacer poemas prosaicos. Los poetas gozan de impunidad para decir lo que quieran y como quieran, aunque sea en la forma más antipoética. En cambio al prosista se le exige más, se le ponen más barreras". Al concluir la charla dice, recordando la gira: "Ésta ha sido un maratón, pero ya estamos saliendo de la piscina". |
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macgoss_domenico
del 01-Mar-2008 08:34:46
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BIOGRAFIAS: Gabriel García Márquez nació en Aracataca (Magdalena), el 6 de marzo de 1927. Creció como niño único entre sus abuelos maternos y sus tías, pues sus padres, el telegrafista Gabriel Eligio García y Luisa Santiaga Márquez, se fueron a vivir, cuando Gabriel sólo contaba con cinco años, a la población de Sucre, donde don Gabriel Eligio montó una farmacia y donde tuvieron a la mayoría de sus once hijos. Los abuelos eran dos personajes bien particulares y marcaron el periplo literario del futuro Nobel: el coronel Nicolás Márquez, veterano de la guerra de los Mil Días, le contaba al pequeño Gabriel infinidad de historias de su juventud y de las guerras civiles del siglo XIX, lo llevaba al circo y al cine, y fue su cordón umbilical con la historia y con la realidad. Doña Tranquilina Iguarán, su cegatona abuela, se la pasaba siempre contando fábulas y leyendas familiares, mientras organizaba la vida de los miembros de la casa de acuerdo con los mensajes que recibía en sueños: ella fue la fuente de la visión mágica, supersticiosa y sobrenatural de la realidad. Entre sus tías la que más lo marcó fue Francisca, quien tejió su propio sudario para dar fin a su vida. Gabriel García Márquez aprendió a escribir a los cinco años, en el colegio Montessori de Aracataca, con la joven y bella profesora Rosa Elena Fergusson, de quien se enamoró: fue la primera mujer que lo perturbó. Cada vez que se le acercaba, le daban ganas de besarla: le inculcó el gusto de ir a la escuela, sólo por verla, además de la puntualidad y de escribir una cuartilla sin borrador. (Sayula, México, 1918 - Ciudad de México, 1986) Escritor mexicano. Juan Rulfo creció en el pequeño pueblo de San Gabriel, villa rural dominada por la superstición y el culto a los muertos, y sufrió allí las duras consecuencias de las luchas cristeras en su familia más cercana (su padre fue asesinado). Esos primeros años de su vida habrían de conformar en parte el universo desolado que Juan Rulfo recreó en su breve pero brillante obra. En 1934 se trasladó a Ciudad de México, donde trabajó como agente de inmigración en la Secretaría de la Gobernación. A partir de 1938 empezó a viajar por algunas regiones del país en comisiones de servicio y publicó sus cuentos más relevantes en revistas literarias. En los quince cuentos que integran El llano en llamas (1953), Juan Rulfo ofreció una primera sublimación literaria, a través de una prosa sucinta y expresiva, de la realidad de los campesinos de su tierra, en relatos que trascendían la pura anécdota social. En su obra más conocida, Pedro Páramo (1955), Rulfo dio una forma más perfeccionada a dicho mecanismo de interiorización de la realidad de su país, en un universo donde cohabitan lo misterioso y lo real, y obtuvo la que se considera una de las mejores obras de la literatura iberoamericana contemporánea. |
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Mensaje por
macgoss_domenico
del 01-Mar-2008 08:38:11
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En una entrevista concedida en 1989, Gabriel García Márquez afirmó no estar seguro que en su obra hubiera influjo de Juan Rulfo: "buena parte de mi trabajo lo escribí antes de haberlo leído" (1). Adelante, en el mismo texto, dice: "(En mí) no hay influencia de Rulfo porque he tratado conscientemente de defenderme de ella, aunque hay, desde luego, una coincidencia en el medio" (2). Esta categórica afirmación merece considerarse. Más, viniendo de un escritor de la talla de García Márquez. Sin embargo, al enfrentar los textos de uno y otro autor, persiste la rasquiña: ¿en verdad no hay influjo?. Yo creo que sí. Encuentro, entre Pedro Páramo (3) y Cien años de soledad (4), algo más que "coincidencias en el medio", como quiere Gabriel García Márquez. Resulta oportuno aclarar que no me queda claro qué quiere decir García Márquez con "coincidencia en el medio"; no obstante, lo interpreto como una similitud social, geográfica y anímica existente entre los latinoamericanos. Sin duda, con esta frase el autor logró eludir, en forma retórica (y por lo visto a satisfacción del entrevistador ya que la transcribió), la pregunta sobre el influjo en su obra del trabajo literario de Juan Rulfo. Desde luego, pensar a García Márquez como continuación de Rulfo es descabellado, pero aseverar que éste no está en aquél, es torcer demasiado la vista. ¿Se habría dicho lo mismo de ser anterior Cien años de soledad a Pedro Páramo? Al final, no encuentro pecado en los influjos. Un sublime ejemplo lo tenemos en San Juan de la Cruz: ¿habría existido el "Cántico espiritual" sin el "Cantar de los Cantares"? Difícilmente. ¿Y quién se atrevería a condenar a San Juan de la Cruz por ello? En fin, con aceptación o sin ella, los ecos de Pedro Páramo resuenan en Cien años de soledad, como una feliz coincidencia, sí, pero, también, como apariciones y presencias fluyendo de Comala a Macondo. Destaco cuatro semejanzas primordiales: 1) el cerrarse al tiempo, 2) sus mujeres, 3) el rencor y la soledad, y 4) sus apariciones y presencias. |
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Mensaje por
eltangero
del 01-Mar-2008 08:39:17
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señores buenas noches |
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Mensaje por
heriberto_stewie
del 01-Mar-2008 08:42:12
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Que buena lectura... La guardaré... |
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Mensaje por
macgoss_domenico
del 01-Mar-2008 09:05:46
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Comala y Macondo: Pueblos cerrados al tiempo: agonía y desaparición Tanto Comala como Macondo son pueblos cerrados al tiempo, negados a trascender más allá del tiempo de las novelas. Esta negación de trascendencia se provoca al romperse alguno de los órdenes naturales: el biológico en Cien años de soledad y el temporal en Pedro Páramo. La afrenta que propició esa ruptura del orden, demanda el sacrificio de los pueblos. Mientras se cumple el desenlace que ha de derrumbar a los pueblos evitando su trascendencia, Comala y Macondo están cerrados geográfica y socialmente (5) en forma relativa, obedeciendo a una dinámica de nacimiento, desarrollo y decadencia como pueblos. Es verdad que sólo en algún momento son pueblos marginados geográfica y socialmente, pero, a la trascendencia temporal, siempre permanecen al margen. Este último aspecto, el cerrarse en y al tiempo, es su distinción de aquellos que solamente lo están geográfica y socialmente y constituye una de las semejanzas primordiales entre ambas novelas; feliz "coincidencia en el medio" si atendemos lo dicho por García Márquez. |
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