Liguelog de bartleby
del 07-Feb-2008 a las 02:06:21
irse
empieza la serie de besos de despedida: primero rápidos, luego lentos y nunca suficientes. preámbulos de nada. abrazos más mansos. pero su menor duración es simple ilusión óptica: los acorta la nostalgia y el clima terrorífico que nos espera en la calle. el saber que no habrá otros y que se ha hecho tarde. peor: que siempre va a haber un momento en que se haga tarde.
vestirse exige una posición erguida, antagónica a la horizontal, alejada de su cuerpo, de su respiración. buscar la ropa nos obliga a darle la espalda, enfrascados en nuestros asuntos, necios policías escarbando en la guantera. luego el ritual del botón y la cremallera. y el punto final son los cordones de los zapatos: sentarse sobre una superficie donde te puedes tumbar es la renuncia total, desorientados tras las cinco vueltas para el comienzo de la gallinita ciega. después el equipaje a la espalda es una bola de preso: y te sientes tan ridículo… ella en la cama, desnuda, agarrando tu ausencia en la almohada, y tú allí, parado en medio de la habitación, tan preparado para la vida moderna, para los saludos de escalera, para las conversaciones de ascensor, para que se sigan matando palestinos e israelíes, para cambiar un euro por un viaje en bús (euro con diez? hijos de puta), para que bussi te recomiende beber agua y buscar la sombra. qué absurdo te parece todo, qué inútil, qué feo.
y el olor a la grasa de la bicicleta en las manos ya es el puto colmo.
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(una de las simplificaciones consistía en eliminar al máximo los trayectos: por ejemplo, los viajes al hospital. vas un día y pasas allí todo el tiempo que has de pasar en tu vida: esguinces, apéndices, vómitos, gripes, urgencias de oftalmología… y luego ya no tienes que volver más. así te ahorras todo el tiempo de las idas y venidas y todo el tiempo de las horas de espera. eso, con cualquier cosa: el cole, el supermercado, navidad…)
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en el peor de los casos ella habrá seguido esta pantomima de la fuga con ojos soñolientos y no habrá dicho nada, dejando hablar libremente a las voces de tu cabeza. en el mejor de los casos ella será tan capaz de quedarse dormida y ofrecerte todo su cuerpo como diana para la saeta del beso de despedida. en cualquier caso siempre habrá un momento en que los ojos abiertos se cierren o los ojos cerrados se abran, y todo de repente se dará la vuelta, se pondrá al revés: el monstruo del sueño nefasto o la depresión de la madrugada.
todo temblará alrededor y ninguno de los dos tendréis nada donde agarraros.
para ti quizás es un movimiento brusco del bús: para ella, una pierna que asoma entre las sábanas y se enfría. en un mismo segundo compartís el escalofrío, pero no lo compartís porque no sois conscientes de ello, pues ya estáis pensando en otra cosa. o peor: ya estáis intentando pensar en otra cosa. luchando contra lo que de natural tiene la inercia. a la espera de que algún día no se haga tarde.