Siento que tus ojos se parecen a mis ojos cuando una lejanía regresa tal como retorna una lágrima sobreviviente de un anviguo dolor. Me recuerdas el mar, cantando su infinito misterio a orilla del amanecer. En tus manos, presiento toda la belleza de una nube transeúnte junto a mi ventana, meciéndose en el timbre otoñal de tu voz.