Dentro del atanor de los tiempos, convulsivos y caóticos, se descubre un destello de belleza, como el claro mirar de la estrella del alba. Pugnando por sobrevivir, confundida en su masa de metal, ígnea y candente: oro puro en medio de las sombras y escoria. Es el verdadero arte: arte que destaca en medio de "otros" que se precipitan en la irracionalidad, en lo vulgar y lo soez. Arte que defiende, como espada llameante que combate las sombras, los únicos ideales que pueden vertebrar el alma humana: El Bien, la Verdad, la Belleza y la Justicia.
La misión del arte es, a través de la belleza, cambiar el mundo, dignificándolo. El arte que no "cristaliza" la belleza, que no eleva el alma, que no la torna más buena, amable y comprensiva; el arte que no vierte sobre el alma un rocío de belleza y misterio, haciéndola temblar de gozo, estremecida, tiene de arte sólo el nombre, o en el mejor de los casos, la apariencia.
Uno de los dones del arte es educar a través de la belleza. Cuando se aprende naturalmente verdades imperecederas, verdades que son como las estrellas en nuestro firmamento moral. Para las almas sensibles, a quienes largos años de largas sendas han adherido el polvo de mil caminos, el efecto de sus obras es de renovación, de retorno, no a la infancia, sino a lo puro, a lo no contaminado, al recinto secreto de las ansias imposibles y de los sueños intactos.
El arte da vida a nuestra imaginación, da enseñanzas sobre la naturaleza de la alma humana, sobre el fuego mental, la vida de los elementos -tierra, agua, aire y fuego- y los espíritus que la rigen, el poder combinado de los sonidos, ritmos e imágenes; sobre los arquetipos -en el sentido platónico- y las evocaciones que permiten atraer su benévolo poder; enseñanzas sobre la cárcel del tiempo y las armas mágicas que permiten ir más allá de ella; enseñanzas sobre la arquitectura matemática de la vida, sobre el poder de los números, sobre el origen de la vida y el origen de la conciencia, sobre el despertar y el sueño de la naturaleza, sobre el amor como la incansable gravedad de las almas y de los cuerpos. Todo se ordena, todo se armoniza, la vida interior halla un cauce natural, lo más elevado y cierto dentro de nosotros dice sí y otorga su natural aprobación con todo arte verdadero.
El Arte