Cuando no se provocan los cambios en nuestra vida y son las circunstancias las que determinan nuestro destino terminamos haciendo lo que no queremos. Perdemos nuestra historia entonces. Se comienza a llenar de opresión, calumnias, persecución y martirio. Sin gloria, heroísmo ni conquista. Se huye simplemente suplicando por un momento más de existencia.
Algunos creerán que es heroica la forma en la que se soporta el sufrimiento. ¡Al diablo con el heroísmo! Es el heroísmo de la desesperación. Si no hay escapatoria cualquiera puede ser héroe, aunque no quiera. Tarde o temprano, esa clase de héroe no puede evitar decir cuánto ha soportado y quién podría más sino él.
Se sufre y se disfruta. Porque si no, dejaríamos de existir. Así el dolor es más valioso que la alegría. Se lamenta en vez de actuar. Se comienza a preferir la esclavitud a la redención, el sueño a la realidad, la esperanza al futuro, la fe al sentido común. Se cree entonces tener un capital de heroísmo y valentía. Sin actuar, sin ser amos del propio destino.
Esto sin duda demuestra que no podrán quebrarnos o destruirnos. No hay fuerza terrenal que pueda hacerlo. Toda fuerza tiene sus límites, pero el sufrimiento no.
Nadie tomará acción hasta que el "Mesías" venga a salvarnos. Todos están imposibilitados a pensar o proponer sino pronto los demás descalificarán y sabotearan la empresa.
El Sufrimiento del Pueblo