Una muy apreciada amistad me pregunta, “¿Qué camino debemos seguir en la vida?". Esto me lo dice cuando estamos rehaciendo caminos destruidos por una de las peores tormentas que han afectado a la patria. Pienso en esto cuando voy conduciendo por el camino sinuoso que me lleva hasta nuestro campamento. Paso de 1,800 metros sobre el nivel del mar a los 3,500 metros s. n. m. para revisar el avance de los trabajos. Los hombres invertimos nuestras vidas en trazar, construir, reconstruir y recorrer caminos.
Realmente los caminos son decisiones, tomar decisiones. Lo que nos hace especiales y nos distingue de todas las otras formas de vida es nuestra capacidad para valorar nuestras opiniones y tomar decisiones conscientes y deliberadas. Siendo la elección un precioso don. Nuestro hoy se basa en las decisiones tomadas en el pasado. Cuando hacemos las preguntas correctas y tomamos las decisiones acertadas, alimentamos nuestra fuerza vital; ese poder interior único que nos mantiene vivos espiritual y físicamente. Hay decisiones que construyen la vía para llegar a nuestros anhelos y otras decisiones que tienen que mantener otras decisiones en pie. Las decisiones nos llevan a la realización de nuestra visión o visiones.
Allá arriba, lejos de muchas comodidades, comunicaciones, dónde la toma de decisiones y el coraje son fundamentales es fácilmente reconocible que no somos dueños absolutos del dinero, del poder o tan sólo de nuestros seres queridos. Nada es parte de nuestra existencia como para decir que sin uno el otro no existe. Sólo poseemos, entonces, aquello que le damos su existencia: nuestra palabra, nuestros ideales, nuestros actos conforme a nuestros pensamientos así como nuestro coraje y determinación para alcanzar nuestras metas. Por todo esto, somos y creamos los caminos que recorremos, las decisiones que tomamos, la esencia que hemos escogido para nosotros mismos después de todo el poder, dinero o personas que nos rodean. Ése es el camino, tomar una esencia auténtica basada en valores y principios verdaderos para tomar las actitudes adecuadas ante las circunstancias que construimos y se nos presentan.
Tejer y zurcir caminos